Resumen
En esta mesa redonda se examinaron cuestiones relacionadas con los productos básicos en el contexto de los crecientes precios de esos productos desde 2002. Las deliberaciones abarcaron la evolución de los precios y las medidas que podrían adoptarse en los distintos sectores de productos básicos: la energía (petróleo y gas), los minerales y metales, y los productos agrícolas. También se debatieron cuestiones relacionadas con el valor añadido, con particular referencia a los asuntos de la competencia y al cumplimiento de las normas.
Se destacaron principalmente los siguientes aspectos:
- Aumentos de los precios de los alimentos. Se señaló que, entre otros factores, el cambio climático y la producción de biocombustibles eran responsables de las recientes subidas de los precios de los alimentos. Se recalcó, sin embargo, que las causas de los altos precios de los alimentos eran fundamentalmente estructurales y especulativas, y que el cambio climático y la producción de biocombustibles eran sólo dos de esos factores.
- Diversificación y valor añadido. Se consideró que los países que dependían de los productos básicos debían diversificar sus actividades hacia otros productos, especialmente de mayor valor añadido, para protegerse contra la inestabilidad de los precios y los ciclos normales de auge y caída de los productos básicos, y para facilitar una mayor participación en las cadenas de valor de dichos productos.
- Aumento del nivel de inversión en tecnología e infraestructura (como caminos e instalaciones de almacenamiento y procesamiento después de la cosecha). Se consideró que los bajos niveles de ese tipo de inversión dificultaban la distribución y la comercialización que impulsan el proceso de diversificación.
- Gobernanza. Se subrayó la importancia de fortalecer la gobernanza, incluidos los marcos jurídicos y reglamentarios, como medio para encontrar respuestas adecuadas a las cuestiones relativas a los productos básicos.
- Distribución equitativa de las rentas. Se consideró que este aspecto era importante, especialmente en relación con los ingresos imprevistos de las industrias extractivas, teniendo en cuenta los intereses de los inversores y de las empresas receptoras, así como los de las comunidades locales y los gobiernos nacionales.
- Aprovechamiento de los ingresos inesperados para hacer avances en el desarrollo. Se recomendó que se establecieran fondos especiales para ayudar al sector privado a diversificarse.
- Desarrollo de los recursos humanos. Se consideró que este aspecto era importante para afrontar mejor las dificultades de la gestión de las economías que dependen de los productos básicos.
- Creación de un marco macroeconómico estable. Esta medida permitiría contener los posibles problemas relacionados con las altas tasas de inflación y la apreciación de las monedas. Entre otras cosas, se propuso que se establecieran fondos de estabilización y se crearan instrumentos de gestión de riesgos.
- Cuestiones relativas a la competencia. Se mencionó el aumento de la productividad como base para una producción más eficiente y competitiva destinada a los mercados mundiales. Se instó asimismo a los países desarrollados a que redujeran, y finalmente eliminaran, sus subvenciones agrícolas que distorsionan el comercio en el contexto de la Ronda de Doha de negociaciones comerciales. En cuanto a los países que dependen de los productos básicos, se aconsejó que estudiaran la posibilidad de elaborar políticas de competencia como un medio de contrarrestar la influencia ilimitada de las empresas transnacionales.
- Inocuidad de los alimentos y normas sanitarias. Se consideró que la armonización de las normas -así como de los requisitos de inocuidad y calidad- entre los países y los agentes del mercado sería conveniente, pero se reconoció que había dificultades prácticas. Se subrayó la función positiva de las normas en el desarrollo y en la expansión del comercio mundial.
- Balanza de pagos. Se opinó que el hecho de que la mayoría de los países de bajos ingresos que son importadores netos de alimentos tuvieran que soportan la doble carga del aumento de los precios de los alimentos y de los precios de los combustibles exigía que se reconocieran las diferentes realidades de los países, por ejemplo, las consecuencias para la balanza de pagos.
- Aumento de la cooperación económica regional. Esta medida ampliaría los mercados regionales y frenaría los efectos de la subida de los precios de la energía.
De cara al futuro
Hubo consenso en que los diferentes intereses de los productores y los consumidores deberían conciliarse mediante un diálogo internacional y la creación de consenso respecto de las medidas de política para hacer frente a los problemas de los productos básicos y las cuestiones conexas. Se convino en que para avanzar había que adoptar medidas internacionales, entre otras cosas en el marco intergubernamental de la UNCTAD, sobre lo siguiente:
- La integración de las políticas sobre los productos básicos en las estrategias nacionales, regionales e internacionales de desarrollo y reducción de la pobreza, a fin de alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio.
- Un acuerdo sobre las políticas y los instrumentos relacionados con el comercio para resolver los problemas de los productos básicos, en particular a través de la Ronda de Doha.
- La elaboración de políticas financieras y de inversión para conseguir recursos financieros destinados al desarrollo basado en los productos básicos, entre otras cosas respecto de la asistencia oficial para el desarrollo, la ayuda para el comercio y el financiamiento para contingencias; y
- La concentración en soluciones multidimensionales y en las que participaran múltiples interesados, que aunaran las perspectivas del cambio climático, la calidad, las relaciones laborales y los intereses de los consumidores. También se requería un proceso de vigilancia transparente y neutral para una producción sostenible.