Antecedentes
A pesar de las iniciativas de alivio de la deuda vigentes y las condiciones favorables de los mercados financieros mundiales, los instrumentos de deuda siguen siendo una importante fuente de financiación para los países en desarrollo. La gestión activa de la deuda pública es una herramienta importante que pueden utilizar los países para mantener niveles sostenibles de deuda y alcanzar sus objetivos de desarrollo más amplios. Sin una gestión adecuada, las crisis de la deuda pueden dificultar el logro de los objetivos económicos nacionales en cuanto a los tipos de cambio, la financiación del comercio, el clima de inversión, la capacidad crediticia y la competitividad externa. Una gestión eficaz de la deuda no puede, por sí sola, crear un círculo virtuoso, en el que el endeudamiento externo incremente la capacidad de exportación y en el que ésta genere a su vez los recursos necesarios para pagar la deuda. Sin embargo, una buena estrategia de gestión de la deuda pública puede reducir los desajustes entre las monedas y los vencimientos y, por ende, contribuir a mitigar los posibles riesgos vinculados a las crisis externas e internas. Una gestión eficaz de la deuda puede además contribuir a establecer el equilibrio debido entre la deuda externa e interna en una estrategia de la deuda a mediano plazo.
Aunque la financiación de la deuda sigue siendo un mecanismo importante para movilizar recursos destinados a la inversión pública y privada en los países en desarrollo, asegurar la sostenibilidad de la deuda sigue siendo crucial para varios países de bajos y medianos ingresos. En esos países, una gestión adecuada de la deuda podría no ser suficiente para lograr los grandes objetivos de desarrollo manteniendo al mismo tiempo un nivel sostenible de deuda pública. Por lo tanto, los préstamos deben complementarse con donaciones y otras formas de asistencia.
En ese contexto, resulta esencial fomentar una mayor coherencia y coordinación entre la ayuda mundial y la arquitectura financiera.